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Otro buen amigo me explicó un día una especie de solución a mi adicción a las putas al verme yo millonario ya las llamaba para que vinieran a mi casa, y casi siempre de dos. 9 diciembre, 2016 joseyebra 16 comentarios Sé que parte de mi mala suerte con las chicas se la debo a la canela; sí, a la canela, a esa especia que sirve para condimentar el arroz con leche, por ejemplo. Para ser sinceros, ella también disfrutó lo que pudo de esa relación; pero además tenía claro, muy claro, que en cuanto su nota quedase sellada en su expediente, en las actas del instituto, el nombre del viejo profesor pasaría automáticamente. Yo, sin duda alguna, la de la derecha, que se ve a leguas que ese culo está pidiendo polla a gritos. Pude disfrutar de sus mejores clases Ejem, ejem! Preparé concienzudamente aquella bañera: agua caliente, canela en rama por allí flotando, y todo un bote entero de canela en polvo por si la misma en rama no era suficiente condimento. Me sentía como el gilipollas de Abelardo frente a una hermosa Eloísa, con toneladas de deseo centrifugando dichosas, prestas y dispuestas en algún rincón lejano de mi maltrecho cerebro, pero plenamente discapacitado para poder palear con fuerza todo el peso de aquel deseo. El viejo profesor de Química acababa de publicar su primera novela, La Ira de los Átomos. Ves como daba tiempo de sobra, gilipollas?

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